Son tantos los estímulos que nos rodean que no somos capaces de fijarnos en todos ellos.Es imposible tener conciencia de nosotros mismos en cada momento. Pocos podriamos decir, por ejemplo, que tipos de árboles vemos camino del trabajo, a veces ni siquiera si los hay. Igual nos pasa con miles de maravillas que pasan cada día delante de nuestros ojos sin que nos fijemos en ellas: paisajes, amanceres, el espectáculo nocturno de las estrellas, una caricia,... Cosas que no valoramos por habituales y que sin embargo son las que dan sentido a nuestras vidas. Si nos preguntaran porque no las apreciamos diriamos aquella frase tan habitual (que eliminé de mi vocabulario hace años) de "no tengo tiempo".
Sin embargo sería interesante marcarse como meta el intentar tener conciencia de nosotros mismos, si no constantemente, si varias veces al día, siempre que nos acordemos, cada vez más a menudo. Esto, como cualquier otro hábito, sólo se consigue con práctica, marcandonos momentos en el día en los que vamos a parar diez segundos y ser conscientes de nosotros y lo que nos rodea. ¿Cómo podemos hacer esto?
- Primero, tomando conciencia del entorno, de lo que nos rodea. Del cielo, del paisaje, del árbol, el libro, la mesa, y todo lo que forma nuestro espacio.
- Después tomando conciencia de nosotros mismos. Respecto a nosotros mismos podemos centrarnos en tres aspectos:
Por un lado, fijarnos en nuestro cuerpo, en la postura. ¿Qué estamos haciendo con las manos? ¿Cómo están situados nuestros pies? ¿Cuál es nuestra expresión? De esta forma conseguiremos paulatinamente controlar más nuestros movimientos haciendolos más lentos y suaves, haciendo que estemos más relajados.
Después pasaremos a nuestros pensamientos. Si nos paramos dos minutos seremos conscientes de que nuestra cabeza es un continuo remolino de pensamientos fuera de control, que nos impiden concentrarnos y nos dejan agotados. Ser conscientes nos permitirá parar el torbellino y relajar la mente.
Por último llegamos a nuestros sentimientos. ¿Cómo nos sentimos en ese momento? ¿Alegres, tristes, cansados, enfadados o una mezcla de ambos? Si la respuesta no es muy amigable igual estamos a tiempo de tomarnos un respiro antes de que el mosqueo pase a mayores y nos arruine el día.
Hemos hablado de la conciencia del entorno y de nosotros mismos. Queda el último punto y más dificil, la conciencia de los demás. Debemos aprender a mirar a nuestros seres queridos, mirarles de verdad, lo que nos dicen sin decirnos.
Este es un tema especialmente bonito, muy relacionado con el lenguaje corporal, del que estoy leyendo mucho ultimamente y del que publicaré un post en breve. Ahora que empiezo a conocerlo no deja de sorprenderme todo lo que el lenguaje corporal nos dice sin palabras, cumpliendose una y otra vez como reglas matemáticas.
Cobardia.. diosas.... Manolo Carrasco - Cai
Hace 3 días


1 comentarios:
He vuelto a tener conciencia de mi misma. Cada vez que me dicen que no puedo hacer algo, cada vez que llaman looser, cada vez que alguien se transforma en el hombre del saco y me tapa la cabeza y los brazos para no dejarme mover, mas me crezco...he vuelto a mirar a mi alrededor y a reconocer lo que me dicen sin decir. Se llama empatía.
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